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Shock the monkey!

lunes, marzo 31, 2003


Tengo el recuerdo de historias que nacen con la noche: oscuras entidades se desplazan por calles solitarias; parejas dialogan sin palabras, mientras que la tarde va madurando a la orilla de ríos bordeados por caminos de piedra; el alma de un hombre se arroja al vacío, pero nadie está mirando y su perfume se esparce como una tibia llovizna.

La llegada del sueño termina por borrarlo todo.

Tengo el recuerdo, dije, pero esa afirmación es una fórmula sencilla: conservo más bien la sensación de que alguna vez estuvieron ahí, como lo han estado otras veces los rostros y las frases que retengo al pasar por cualquier calle y que más tarde son reemplazados por nuevos rostros y nuevas voces. Aunque la memoria se obstina en retener ciertos diálogos, éstos no son más que fragmentos dispersos, sin contexto, casi como esas voces que la víspera del sueño descarga en nuestra frágil conciencia. Una muestra: ayer mismo por la noche me entretenía en estructurar estas líneas, y ahora que releo lo escrito me doy cuenta de que tiene mucho de retrato hablado dictado por una memoria traicionada por los años.

sábado, marzo 29, 2003


Ya es nuevamente medianoche. Pero la ciudad está despierta... y apesta. Los mexicanos amanecimos a esta tierra como la gran cagada caliente y grosera de un ogro borracho. Parecemos alegres, pero nuestra alma está podrida. Somos como un obeso cuerpo inanimado y sin embargo lleno de ruido y flatulencias. Tengo la ventana corrediza entreabierta y no sólo se cuela el sonido de una alarma de auto, sino también la escandalera de miles de fiestas y peleas y llantos y jadeos de impotencia y de placer. Si se nos mira desde arriba, nos asemejamos a una fresca herida abierta de tajo que emana un fuerte tufo a dolor y decadencia. Mañana, el domingo nos encontrará en la quietud casi comatosa de la depresión alcohólica. Ya pasará. El lunes nos traerá la cotidiana y larga espera de un nuevo fin de semana que se extenderá por el familiar camino de los resultados del futbol, la planeación de los quinceaños, las furtivas cogidas con la amante llorosa, los chistes rancios de los compañeros de oficina, el lento reloj. Los días son uno igual al otro, excepto quizá por la guerra, que nos ha transformado a todos en improvisados analistas de una realidad que parece lejana pero que todos los días nos patea inmisericordemente el blando y amoratado culo. Es por eso que las manifestaciones de paz y de armonía me parecen de un candor insoportable.

Pesimismo.

viernes, marzo 28, 2003


El denso estar del insomne.

Ya Paty se ha ido a dormir, no sin antes recriminarme ese insomnio que un ser proclive al sueño como lo es ella poco o nada puede comprender. A veces también me contagio de esa suave aventura de no ser por un rato, mas casi nunca me deslizo así de fácil al otro lado, a la Interzona. El sueño debería ser contagioso, ahora que ando con las defensas bajas. En fin.

Por las tardes entre semana, la Gandhi es más transitable. Pocos despistados se acercan a mirar las novedades, yo entre ellos. Compré un Dick y un Gibson, que pienso agotar este fin de semana. Comí con Paty y llegué tarde a la oficina. Nada por qué alarmarse.

Los taxistas leguleños deberían de ser considerados terroristas en potencia.

Otro día.

Qué extraño: en la computadora de la casa, la página en la que se muestra lo publicado todo aparece sin acentos y las letras acentuadas han sido sustituidas por signos como insectos kafkianos. No importa, nadie más lee esto y yo sé perfectamente qué es lo que está escrito...

Nada importante, por cierto.

Algún día dejarás de ser esbozo, y entenderás por qué te llamo, y sabré si tu rostro es cierto o es también imaginario.

No sé si algo de esto tenga sentido.

Transcribo ahora (quizá sólo para calentar la mano) un extracto de mi libreta. La fecha -tomada al azar- es el viernes 4 de enero del 2002:

"Delante de lo gris he dispuesto el atril que disimila mis lecturas, el estuche de los discos, el City de Baricco que apenas he podido acariciar un rato, no sé: algunos otros signos que me permiten estar sin que se me desvanezcan las imágenes que ayer me dejaron vivir.

Tal vez sólo me hagan falta un par de rostros que a veces están aquí y a cuyas fugas caprichosas ya me he resignado a cambio del breve placer de sus presencias casi plurales pese a su condición ocasional."

Otro día; otra anotación:

"Massive Attack es más bien un asunto de visualización que muy pocos comprenden. El disco Mezzanine avala este sentimiento."

¿Por qué si esta música no nació del intelecto sino de un grito del alma, yo intento con todo mi dolor ponerle una máscara y soltarla sin aviso a la mitad de mis propios carnavales?

jueves, marzo 27, 2003


Bueno, ya está. Es como cerrar los ojos.

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